El uso aparentemente aleatorio de comillas alrededor de palabras comunes –un fenómeno a menudo llamado “citas gritadas”– se ha convertido en un hábito lingüístico peculiar, particularmente notable en las generaciones mayores. Desde notas escritas a mano hasta tweets presidenciales, la práctica puede alterar el significado, crear confusión o simplemente… enfatizar cosas. ¿Pero por qué sucede esto?
La historia del “énfasis”
La práctica no es nueva. Si bien algunos especulan que se debe a las limitaciones de las máquinas de escribir, los expertos dicen que el uso de comillas para dar énfasis es anterior a la máquina. Tiene sus raíces en la publicidad de principios del siglo XX, donde se aconsejaba a los especialistas en marketing que utilizaran comillas para resaltar frases inusuales o llamativas, como “Nuestros ‘mejores abrigos de Londres’ están garantizados a prueba de lluvia”. Este método tenía como objetivo llamar la atención, aunque fuera un poco torpe.
El auge de la comunicación digital no ha ayudado. Para aquellos que no están familiarizados con la negrita, la cursiva o el subrayado, las comillas se convirtieron en una forma predeterminada de agregar énfasis. Como señala la editora Amy J. Schneider, es posible que los usuarios mayores simplemente estén más acostumbrados a este método, mientras que las generaciones más jóvenes han crecido con herramientas de formato más sencillas.
El problema de la ambigüedad
Sin embargo, el contexto moderno ha cambiado. Hoy en día, las comillas suelen implicar ironía, sarcasmo o duda. Una nota que decía “¡Lo siento por comerme las sobras!” sugiere claramente falta de sinceridad. Esta ambigüedad ha generado confusión e incluso humor, con comunidades en línea que comparten ejemplos de compañeros de trabajo felices con las comillas.
El problema es que la intención original –simplemente añadir énfasis– se ha perdido en gran medida en la traducción. Ahora, la mayoría de la gente interpreta estas “citas de gritos” como pasivo-agresivas o sarcásticas.
¿División generacional?
Si bien la práctica no es exclusiva de las generaciones mayores, ciertamente es más frecuente entre ellas. El hábito puede ser un vestigio de una época en la que los métodos de énfasis alternativos no estaban tan disponibles. Pero a medida que el lenguaje evoluciona, también lo hace nuestra comprensión de la puntuación.
En definitiva, el uso excesivo de comillas es una cuestión de preferencia. A algunos les resulta molesto, a otros entrañable. Pero con tanto margen de mala interpretación, la mayoría de los expertos recomiendan apegarse a métodos de énfasis más claros y en negrita: subrayado, cursiva o simplemente texto en negrita.
La presencia continua de “citas a gritos” sirve como recordatorio de que el lenguaje no es estático y que los hábitos (incluso los peculiares) pueden persistir mucho después de que su propósito original se haya desvanecido.
