La moda de las proteínas: por qué más no siempre es mejor

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La demanda de proteínas está aumentando en todo Estados Unidos, impulsando un auge de los alimentos enriquecidos con proteínas. Desde barras y polvos hasta incluso palomitas de maíz con proteínas, los estadounidenses se centran cada vez más en su ingesta de macronutrientes. El consumo de carne ha aumentado considerablemente en los últimos años: la ingesta per cápita aumentó de 109 kg en 2018 a 117 kg en 2023, y las proyecciones sugieren que alcanzará los 122 kg en 2027. Sin embargo, esta obsesión por las proteínas conlleva importantes riesgos para la salud que muchos consumidores pasan por alto.

El lado oscuro de las dietas ricas en proteínas

Según la periodista gastronómica Elizabeth Dunn, décadas de investigación demuestran una clara correlación entre el alto consumo de carne y mayores riesgos de cáncer, diabetes y mortalidad prematura. Una dieta que depende en gran medida de la carne, en particular de las variedades rojas y procesadas, conlleva importantes consecuencias para la salud. Esto es especialmente cierto dado que muchas personas ya consumen suficientes proteínas a través de sus comidas habituales.

El auge de los snacks de carne procesada

Una de las categorías de snacks de más rápido crecimiento son los palitos de carne, impulsados por la tendencia de las proteínas. A pesar de su conveniencia y sabor, estos productos plantean un grave problema de salud. La Organización Mundial de la Salud clasifica las carnes procesadas como carcinógenos del Grupo 1, lo que significa que causan cáncer en humanos. Esta clasificación es a menudo ignorada por los consumidores atrapados en el bombo publicitario de las proteínas.

Alimentos integrales: la alternativa más segura

Dunn enfatiza que la mayoría de las personas no necesitan suplementos proteicos adicionales. Para quienes buscan un impulso adicional, los alimentos integrales ofrecen una alternativa más segura. Las fuentes de origen vegetal como las espinacas (5 g de proteína por taza), los guisantes (8 g por taza) y el arroz salvaje (6 g por taza) proporcionan abundante proteína sin los riesgos cancerígenos asociados con las carnes procesadas. Los cereales como la avena, las semillas de cáñamo y las semillas de chía también aportan una cantidad importante de proteínas a la dieta.

El panorama más amplio

El actual enfoque en las proteínas puede estar fuera de lugar. En lugar de obsesionarse con este único macronutriente, las personas deberían priorizar una dieta equilibrada rica en alimentos integrales. Es probable que el estadounidense promedio ya satisfaga sus necesidades de proteínas sin necesidad de suplementos.

La conclusión clave es que priorizar los alimentos integrales y no procesados ​​es mucho más efectivo (y más seguro) que depender de refrigerios enriquecidos con proteínas y un consumo excesivo de carne.

En última instancia, la locura por las proteínas pone de relieve un problema más amplio: la tendencia a simplificar demasiado las necesidades nutricionales e ignorar la evidencia científica a favor de las tendencias. Los consumidores deben ser conscientes de los riesgos asociados con las dietas basadas en carne altamente procesadas y, en su lugar, centrarse en hábitos alimentarios saludables y sostenibles.